Olé

jueves, 30 de abril de 2009

Decesos Inmortales

Se me apetece preguntar una cuestión ligeramente incoherente y carecida de valor. Este tipo de preguntas me llegan con bastante versatilidad, mas sin embargo, no encuentro las respuestas a mismas con semejante facilidad.

Retomaré el ámbito existencialista del blog para arraigar consigo la pregunta predilecta de este momento. Esta pregunta llegó a la imaginación del imaginante con la peripecia de un dolor de estómago, producido por no sé qué diablos.

El dolor llega como ráfaga sin avisar a las intermitencias del placer para así poder contemplar la dicha y virtud que un mal produce. Absurdo hasta el punto de la demencia, pero siento que el deceso de la virtud es por falta de un mal, así como el negro depende del blanco para matizar el color, la virtud y el mal son compañeros del vigor para endulzar los momentos de congojo y amor. Pero si la virtud y el mal son sucesos inmortales ¿Cuál de ellos acarrearé con semejante vehemencia, que perdido en él esté?, y si a ninguno de ellos pretendo olvidar,¿Hago mal, o en su defecto producido por los males, es en la ausencia de los bienes? Los pecados capitales enmascarados de momentos inolvidables, placeres deseables opacados por males insensatos. Después de esto no sé si morir de dolor o placer por que en la ausencia de uno, detono el segundo, y acobijado dentro de las sábanas del mañana, espero pintarle colores de penas y amores para vivir una vida. Esto continuará a lo infinito y eterno, por que dentro del mal y el bien, existe la inmortalidad de la naturaleza.

Dejaré de ser el imaginante soñador de un mañana predilecto, para crear la utopía de mi vida. "Soñar con el corazón, es soñar al infinito" Gustave Flaubert. Dejar de imaginar para vivir el sueño. ¡Qué incongruencia!

1 comentario:

Pepe dijo...

JsLs: Justo ayer terminé de leer un libro que aborda el tema de tu post. Se llama “La felicidad, desesperadamente” y es de un filósofo francés Comte-Sponville. En pocas palabras, lo que dice este señor es que los momentos de auténtica felicidad son aquellos en los que somos plenamente nosotros: aquellos en los que no queremos estar en otro lugar, ni en otra situación, ni en compañía de otra/s persona/s… Estos momentos llegan incluso en circunstancias adversas, que en muchos momentos nos hacen apreciar lo que somos y tenemos.
A mí me pasa cuando estoy enfermo, por ejemplo, que “gozo” la enfermedad. En medio del dolor, de las medicinas, del aturdimiento, de la desesperación, me surge un gusto inmenso la certeza (¿o la ilusión?) de que pronto volveré a la salud de la que usualmente disfruto. Entonces “me entrego” a la enfermedad sin contemplaciones.
Es raro, y ni siquiera estoy seguro de que esto tenga algo qué ver con tu post. Pero fue lo que pensé al leerlo. ¡Saludos!